La ciencia sigue en busca de la felicidad

El 20 de marzo está marcado en el calendario desde hace seis años como el Día Internacional de la Felicidad por una iniciativa del Reino de Bután, un reducto de belleza hipnótica ubicado en plena cordillera del Himalaya que considera la Felicidad Nacional Bruta en lugar del Producto Interior Bruto. Hoy por hoy la búsqueda del bienestar emocional sigue siendo el motor principal de la existencia humana, pero qué dice la Ciencia respecto a ella.

Los caprichos de la genética condicionan gran parte de nuestra peripecia vital y lo hacen también con el gran objetivo de alcanzar esa sensación imposible de explicar con palabras. Ésta es al menos una conclusión generalizada entre los numerosos estudios y teorías publicados hasta ahora sobre la no siempre bien avenida relación entre Ciencia y felicidad. Sonja Lyubomirsky, doctora en psicología e investigadora en el campo de la felicidad, establece en su libro ‘La ciencia de la felicidad’ en un 50% la influencia genética en nuestra capacidad para ser felices. Asimismo determina en un 10% la importancia de los factores ambientales y culturales. Más allá de ello, el 40% que resta para completar esta particular ecuación de la felicidad se refiere a todo aquello que se hace y se piensa, algo que depende de uno mismo.

Enriquecimiento, realización profesional o fama suelen ser las variables a las que los jóvenes aluden recurrentemente como condicionantes de la felicidad. Sin embargo, los vínculos afectivos con familiares y amigos parecen guardar la clave del éxito. Según un estudio de la Universidad de Harvard –Harvard Study of Adult Development– que desde 1938 ha seguido y examinado de cerca la vida de más de 700 personas, las relaciones con los amigos y principalmente con la pareja resultan fundamentales. «Una y otra vez en estos 75 años nuestro estudio ha demostrado que la gente a la que le va mejor es aquella que se apoya en las relaciones con su familia, amigos y con la comunidad», señala Robert Waldinger, actual director del proyecto de investigación, que reconoce no obstante que la investigación muestra una correlación y no necesariamente una causa, ya que es más fácil que la gente que desde un inicio es más saludable y feliz mantenga y cree relaciones, mientras que los más enfermos poco a poco se aíslan socialmente o terminan envueltos en relaciones adversas.

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